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Métodos de secado y curado del cannabis: colgado, en rejilla, en frío, en agua y liofilizado

No hay un secado, hay seis o siete. Todos quitan la misma agua; lo que cambia es a qué velocidad, con qué riesgo y cuánto aroma queda al final.

2 de septiembre de 2026 19 min de lectura Cultivo

En este artículo

En este artículo

  1. Lo que todo secado intenta hacer (y por qué hay tantos)
  2. Secado colgado en rama entera: el lento que más perdona
  3. Secado en rejilla con manicura en verde: rápido y sin margen
  4. Frenar el secado: bolsas de papel, cajas y el secado en dos fases
  5. Secado en frío y curado en frío: retener lo volátil
  6. Secado en cámara controlada: lo que hace la industria regulada
  7. Métodos rápidos que se pagan: horno, calefactor, microondas
  8. Curado en agua: lo que arrastra y lo que se lleva
  9. Liofilización: secar sin calor y sin curado
  10. Métodos de curado: bote, bolsa con membrana y cubo
  11. Cómo elegir según tu sala y tu clima
  12. Lista de comprobación antes de elegir método

En corto

  • Todos los métodos de secado hacen lo mismo, sacar el agua del interior de la flor; se diferencian en la velocidad, y la velocidad decide cuánta clorofila se degrada y cuántos terpenos se van.
  • Colgar la planta entera es el método más lento y el que más perdona; secar cogollos sueltos en rejilla es más rápido, ocupa menos y castiga cualquier descuido.
  • El secado en frío, entre 12 y 16 °C, alarga el proceso a dos o tres semanas para retener los terpenos más volátiles; necesita controlar la humedad, porque el aire frío seca poco.
  • La liofilización seca en un día por sublimación y conserva forma y color, pero se salta la fase enzimática del curado; el curado en agua arrastra lo soluble y deja una flor suave, sin olor y de aspecto pobre.
  • Para curar, el bote de cristal sigue siendo la referencia; las bolsas con membrana y los sobres de humedad de dos vías quitan trabajo, no sustituyen el tiempo.

Dos cosechas de la misma variedad, cortadas el mismo día, pueden acabar oliendo a cosas distintas sin que nadie haya hecho nada mal en el cultivo. Una se colgó entera en un cuarto a 18 grados; la otra se manicuró en verde y se puso en rejilla con un deshumidificador. Las dos están «secas» al cabo de dos semanas. Solo una huele a lo que prometía.

En el artículo sobre qué pasa dentro de la flor al secarse conté el proceso. Este va de lo otro: de las distintas maneras de hacerlo, qué cambia cada una y cuándo tiene sentido elegirla. Porque no hay un secado. Hay media docena, y casi nadie elige el suyo: hace el que le enseñaron.

Lo que todo secado intenta hacer (y por qué hay tantos)

El problema físico es siempre el mismo. El agua está en el centro de la flor y tiene que llegar a la superficie y de ahí al aire. Ese viaje lo gobiernan cuatro cosas: la temperatura, la humedad del aire, el movimiento de ese aire y la superficie expuesta, que depende de si la flor sigue en su rama, con sus hojas, o va suelta y manicurada.

Cada método es una combinación distinta de esas cuatro variables. Colgar la planta entera es apostar por poca superficie expuesta y aire quieto: lento. La rejilla con cogollos sueltos es lo contrario: mucha superficie, más rápido. El frío frena la evaporación; el vacío la acelera sin calor. Eso es todo. Cuando entiendes qué variable toca cada método, dejas de necesitar recetas.

Y la velocidad no es una preferencia. Dentro de la flor hay enzimas degradando clorofila, azúcares y almidones, y esas reacciones necesitan tiempo y algo de humedad. Si el agua se va en tres días, se paran a medias y queda el sabor a verde. Si tarda tres semanas en un sitio húmedo, el problema es otro y se llama moho. Todos los métodos viven entre esos dos bordes.

Secado colgado en rama entera: el lento que más perdona

La planta se corta por la base o en ramas grandes, se quitan las hojas anchas y se cuelga boca abajo con un cordel o pinzas. La manicura fina se hace después, en seco. Es el método clásico y, con diferencia, el más tolerante a errores.

Funciona porque la rama actúa de amortiguador. El tallo retiene agua y la va soltando hacia las flores a medida que estas la pierden, así que el secado es más uniforme y más lento: de diez a catorce días en condiciones normales, más si la flor es densa. Las hojas pequeñas que quedan alrededor del cogollo lo protegen de la corriente y del exceso de exposición.

Lo que cuesta es espacio y paciencia. Una planta entera ocupa mucho más que sus cogollos sueltos, y en una sala pequeña con mucho material los tallos gruesos tardan tanto que el ambiente se carga de humedad. Ahí es donde aparecen los problemas: si tu sitio está por encima del 60–65 % de humedad, colgar entero es pedir moho.

La manicura en seco tiene su propio coste. Los tricomas de una flor seca son quebradizos y se desprenden al manipularla; se pierde algo de resina en la mesa. Lo que se gana, a cambio, es que las hojas de azúcar han protegido la flor durante todo el secado.

Cuándo tiene sentido

Cuando tienes sitio, tiempo y un ambiente que no pasa del 60 % de humedad. Es el método que mejor conserva el aroma en condiciones normales, y el que menos vigilancia exige: si el cuarto es correcto, casi no hay que tocarlo.

Secado en rejilla con manicura en verde: rápido y sin margen

El otro clásico. Se manicura la flor recién cortada, cuando la hoja está tersa y se separa bien, y los cogollos sueltos se reparten sobre mallas o rejillas apilables. Ocupan una fracción del espacio y secan en cinco a ocho días.

La velocidad viene de la superficie: sin tallo que amortigüe y sin hojas que protejan, toda la flor está expuesta al aire. Eso es una ventaja cuando la sala es húmeda o cuando hay presión de hongos, porque el material sale antes de la zona de peligro. Y es un problema en cuanto el aire es seco: a un 40 % de humedad, una rejilla puede pasar de «casi» a «demasiado» en una noche.

Tiene manías. La cara que apoya en la malla se aplana y seca distinto de la que mira arriba, así que hay que dar la vuelta a los cogollos cada día o dos. Los grandes y los pequeños no van al mismo ritmo, y conviene separarlos por tamaño para no tener unos pasados cuando otros aún están húmedos. Y el olor a heno, cuando aparece, aparece aquí más que en ningún otro sitio: es el método que más fácil se pasa de rápido.

Manicura en verde o en seco: la decisión que hay detrás

Casi siempre, elegir entre colgar y rejilla es en realidad elegir cuándo manicurar. En verde es más cómodo (la hoja se separa limpia, la resina no se desprende tanto) y deja menos material vegetal secando, lo que reduce la carga de humedad de la sala. En seco es más lento y ensucia más, pero la flor llega protegida hasta el final. Si tu sala es húmeda, en verde. Si es seca, en seco y colgando.

Días que suele tardar el secado

  • Liofilización1–1,5 díasMás un curado posterior si se quiere que no sepa a verde.
  • Rejilla, cogollo suelto5–8 días
  • Colgado en rama10–14 días
  • Secado en frío14–21 días
Plazos orientativos para flor de densidad media. La humedad de la sala mueve estos números más que el método.

Frenar el secado: bolsas de papel, cajas y el secado en dos fases

Hay una familia de métodos que no busca secar sino frenar. Sirven cuando el aire es seco o cuando el exterior de la flor ha llegado antes que el interior y hace falta que se igualen sin seguir perdiendo agua.

La bolsa de papel es la más común. Cogollos ya casi secos, en una capa suelta dentro de una bolsa de papel kraft cerrada sin sellar. El papel absorbe la humedad que sale del material y la deja escapar despacio; dentro se crea un ambiente intermedio entre la sala y un bote cerrado. Se revisa a diario y se remueve para que no se aplasten.

La caja de cartón hace lo mismo con más volumen. Y el secado en dos fases combina ambos: se cuelga hasta que el exterior está seco y las hojitas crujen, y entonces se pasa a bolsas o cajas para que el centro termine de soltar el agua a un ritmo que la superficie pueda seguir.

El riesgo es el de siempre pero al revés: si metes en bolsa algo que aún tiene demasiada agua, el papel se satura y tienes un ambiente cerrado y húmedo, que es el que quiere el moho. Por eso la bolsa es un final, no un principio.

Secado en frío y curado en frío: retener lo volátil

Los terpenos que dan el olor más vivo a una flor, los monoterpenos como el mirceno, el limoneno o el pineno, son los más ligeros y los primeros en evaporarse. Se van con el calor, pero también se van, más despacio, a 20 grados. La idea del secado en frío es simple: bajar la temperatura a 12–16 °C para que se evaporen menos mientras el agua sale.

El precio es el tiempo y el equipo. El aire frío retiene poca agua, así que a esa temperatura la humedad relativa sube sola y el secado se estanca. Hace falta un deshumidificador dimensionado para la sala, o una cámara con control propio, y el proceso se alarga a dos o tres semanas. En esas condiciones, el aire tiene que renovarse más, no menos, porque la humedad se acumula con más facilidad.

El curado en frío es la prolongación: el material ya seco se guarda a temperatura de sótano o de nevera, en torno a 10–15 °C, para que el curado siga sin que los terpenos se sigan escapando. Es una práctica que viene sobre todo del mundo de los extractos, donde la pérdida de volátiles se nota más, y que se ha ido aplicando a flor.

Tiene una trampa que se ve poco: la condensación. Si sacas un bote frío a una sala cálida y lo abres, el aire húmedo de la sala condensa sobre la flor fría. Los botes se atemperan cerrados antes de abrirlos. Es un detalle que ha estropeado más de un curado cuidadoso.

La regla 60/60

En los textos en inglés aparece mucho: 60 °F y 60 % de humedad relativa, que son unos 15,5 °C. Es una regla mnemotécnica, no un dato medido, pero apunta al mismo sitio que todo lo anterior: fresco y con humedad media. Quien la sigue está haciendo, sin llamarlo así, un secado en frío suave.

A qué temperatura trabaja cada método

  • Liofilización−30 a −40 °CCongelado y al vacío: el hielo pasa a vapor sin fundirse.
  • Secado en frío12–16 °CCon deshumidificador, porque el aire frío apenas seca.
  • Colgado clásico18–20 °CLa referencia: lento, oscuro, con aire indirecto.
  • Empieza a costar aroma≥ 24–25 °CLos monoterpenos se evaporan antes que el agua.
  • Horno o calefactor60–70 °CSeca en horas y se lleva casi todo lo que olía.

−45 °C75 °C

Cuanto más a la derecha, más rápido y menos aroma. La liofilización es la excepción: fría y rápida, pero sin curado enzimático.

Secado en cámara controlada: lo que hace la industria regulada

En los mercados donde el cultivo es legal y a escala, casi nadie cuelga plantas en un trastero. Se secan en cámaras cerradas con sensor de temperatura y humedad, deshumidificador, refrigeración y renovación de aire calculada. El método no es distinto del colgado clásico; lo distinto es que las cuatro variables se fijan y se registran.

Lo que aporta es la repetibilidad. Una curva típica arranca en torno al 60 % de humedad relativa y 18–19 °C y va bajando la humedad un par de puntos cada dos o tres días hasta el 55 %, con el aire moviéndose por la sala, nunca contra el material. Cada cosecha sale igual porque el ambiente fue el mismo, y cuando algo sale mal se puede mirar el registro y ver qué día se torció.

Su enemigo es la propia climatización. Un aparato de aire acondicionado o un deshumidificador soplando directamente sobre las ramas hace lo mismo que el ventilador mal puesto: seca la superficie y deja el interior húmedo. En una cámara bien montada el aire sale por un conducto, se reparte por la sala y vuelve a entrar por otro. El material no nota corriente.

Para un espacio pequeño, la versión doméstica es un higrómetro decente, un deshumidificador con higrostato y un ventilador que mire a la pared. No es una cámara, pero fija tres de las cuatro variables, que es mucho más de lo que hace la mayoría.

Métodos rápidos que se pagan: horno, calefactor, microondas

Existen y conviene saber qué hacen para entender por qué el resultado es el que es. Un horno a 60–70 grados seca en horas. Un calefactor o una bombilla cerca del material, en uno o dos días. El microondas, en minutos.

Lo que pasa es lo mismo en los tres, a distinta escala. Primero se van los monoterpenos, mucho antes que el agua: la flor sale sin olor o con olor a hierba cocida. Después, la clorofila no tiene tiempo de degradarse y se queda, con el sabor a verde y la aspereza. Y por encima de cierta temperatura empieza a descarboxilarse el THCA hacia THC, lo que cambia el material antes de que nadie lo consuma y acelera después su degradación hacia CBN.

No es que sea «peor». Es que devuelve una flor distinta y más pobre, y no hay curado que arregle lo que la temperatura se llevó. El deshumidificador a máxima potencia en una sala pequeña es la versión sin calor del mismo error: seca en tres días, y en tres días no ocurre casi nada de lo que tiene que ocurrir.

Curado en agua: lo que arrastra y lo que se lleva

Es el método más extraño de la lista y el más discutido. La flor, ya seca o recién cortada, se sumerge en agua a temperatura ambiente durante cinco a siete días, cambiando el agua cada veinticuatro horas. Después se vuelve a secar, dos o tres días en rejilla. El nombre engaña: no es un curado, es un lavado.

Lo que hace es sacar de la flor todo lo soluble en agua: azúcares, sales, restos de nutrientes y buena parte de los compuestos que dan el fondo vegetal y áspero. Los cannabinoides y la mayoría de los terpenos no se disuelven en agua, así que en teoría se quedan. En la práctica, los más volátiles se pierden en la manipulación y en el segundo secado, y el material queda casi sin olor.

El resultado es una flor muy suave de fumar, de color pardo y aspecto apagado, que pesa entre un 10 y un 20 % menos y que huele a poco. Por eso es un método de nicho: para material que llegó con exceso de fertilizante, para quien quiere un humo sin sabor o para uso en preparados. En un mostrador, donde la flor se elige con los ojos y con la nariz, no tiene sitio.

Liofilización: secar sin calor y sin curado

El método más nuevo y el más caro. La flor se congela a −30 o −40 °C y se mete en una cámara de vacío. A esa presión el hielo sublima: pasa directamente de sólido a vapor sin fundirse. El agua sale en 24–36 horas sin que la flor haya estado nunca caliente ni húmeda.

Lo que conserva es impresionante a la vista. La flor mantiene la forma, el volumen y el color del día del corte, sin el encogimiento del secado al aire. Las comparativas que hay apuntan a una retención de terpenos mayor que la del secado con calor, aunque son pocas y no siempre frente a un colgado lento hecho bien. Con las cabezas de los tricomas pasa algo curioso: quedan tan quebradizas que se desprenden solo con mirarlas, lo que es un problema para la flor y una ventaja para quien la quiere para extraer.

Lo que no hace es curar. La fase enzimática necesita agua y tiempo, y la liofilización quita el agua en un día. La flor sale con toda su clorofila, y sabe a ello. Quien la usa para flor suele añadir después un curado en bolsa o en bote de varias semanas, con lo que el ahorro de tiempo se reduce bastante. Y el equipo, aun en su versión doméstica, cuesta lo que una sala de secado entera.

Qué está medido y qué es costumbre

  1. El calor se lleva los terpenos

    Los monoterpenos son volátiles y su pérdida con la temperatura está medida en la propia planta y fuera de ella. No hay discusión.

  2. El secado rápido deja clorofila

    La degradación enzimática necesita tiempo y algo de humedad. Es química de plantas conocida, no solo experiencia de sala.

  3. La liofilización conserva más terpenos

    Hay comparativas recientes que apuntan a una retención mayor que el secado con calor, pero pocas, con pocas variedades y no siempre frente a un colgado lento bien hecho.

  4. Las bolsas de membrana igualan al bote

    Es lo que dicen los fabricantes y bastante gente satisfecha. Medido de forma independiente, casi nada.

  5. El curado en agua saca «lo malo»

    Saca lo soluble en agua, eso sí. Que eso sea «lo malo» y no también parte de lo bueno es opinión.

Las muescas son la fuerza de la evidencia, no la de la afirmación. Se dice mucho con seguridad y se ha medido poco.

Métodos de curado: bote, bolsa con membrana y cubo

El curado tiene menos variantes que el secado, pero las tiene, y la elección importa más de lo que parece porque es donde la flor va a pasar semanas.

El bote de cristal con cierre hermético es la referencia. Es inerte, no absorbe olor, deja ver el material y se abre y se cierra sin esfuerzo. Exige el trabajo de airear: abrir a diario la primera semana para que salga la humedad que sube del interior, luego cada pocos días. Se llena a tres cuartos, para que quede aire que intercambiar. Su límite es el volumen: para cantidades grandes son muchos botes y muchas aperturas.

Las bolsas con membrana son la novedad de los últimos años. Llevan una capa que deja escapar el exceso de vapor de agua pero retiene los terpenos, más pesados, y se venden con la promesa de no tener que airear. La lógica es razonable y bastante gente está contenta. Medido de forma independiente hay poco, y el material que entra demasiado húmedo se enmohece igual dentro que fuera. Funcionan mejor como almacenamiento de flor ya curada que como sustituto del curado.

Los cubos o bidones herméticos son la respuesta al volumen. Un higrómetro dentro, tapa con junta, y el mismo airear a diario al principio. La ventaja es que se maneja una cosecha en tres recipientes en vez de en treinta; el riesgo es que un solo punto de moho tiene mucho más material al que pasarse, así que la revisión al abrir tiene que ser de verdad.

Y los sobres de humedad de dos vías, que absorben o ceden agua para mantener el aire del recipiente en un punto fijo, normalmente 58 o 62 %. No curan nada: estabilizan. Dentro de un bote con flor bien seca, ahorran el susto de una semana de calor; dentro de un bote con flor húmeda, se saturan y no hacen nada. Lo que sí sustituyen es la piel de naranja y la hoja fresca que algunos meten para rehidratar, que añaden agua sin control y esporas gratis.

MétodoDuraciónQué conservaQué arriesgaCuándo encaja
Colgado en rama10–14 díasAroma y uniformidadMoho si la sala es húmedaEspacio y humedad por debajo del 60 %
Rejilla, cogollo suelto5–8 díasEspacio y tiempoPasarse de seco, olor a henoSalas húmedas o con presión de hongos
Bolsa o caja (final)2–5 días extraIgualar interior y exteriorAmbiente cerrado y húmedoAire seco o secado que llegó antes por fuera
Secado en frío14–21 díasTerpenos más volátilesEstancarse, condensaciónCámara o deshumidificador con control
Cámara controlada10–14 díasRepetibilidadCorriente directa del equipoVolumen y cosechas comparables
Curado en agua5–7 días + resecadoSuavidad del humoAroma, color, pesoMaterial con exceso de sales; nunca para mostrador
Liofilización1–1,5 días + curadoForma, color, tricomasSabor a verde sin curado, costeSobre todo para extracción

Cómo elegir según tu sala y tu clima

La pregunta correcta no es «cuál es el mejor método». Es qué tienes. Tres cosas deciden casi todo:

  • La humedad de tu sitio en la época de secado. Un local en la costa cantábrica en octubre está en un 75 % sin hacer nada; ahí colgar entero sin deshumidificador es perder la cosecha, y la rejilla con manicura en verde es lo prudente. Un piso en el interior en agosto está en un 35 %; ahí la rejilla se pasa en dos días y lo que hace falta es colgar entero, frenar con bolsas y quizá humidificar.
  • El espacio. Colgar necesita tres o cuatro veces más sitio que la rejilla para la misma cantidad. Si no lo tienes, no lo tienes.
  • El volumen y la frecuencia. Con una cosecha al año, un bote y un higrómetro. Con varias entradas de distintas procedencias conviviendo, hace falta control de ambiente y, sobre todo, no mezclarlas: cada una con su recipiente, su fecha y su peso de entrada.

Y una regla que atraviesa todos los métodos: si hay hongo, primero se corta. Una flor con botritis no se seca más rápido para «salvarla»; se retira la parte afectada y se aleja del resto, porque lo que tiene es un foco que el secado no mata. Cómo se reconoce está en plagas y hongos del cultivo.

El método cambia el aroma porque cambia cuántos terpenos sobreviven, y por qué unos se van antes que otros está en qué es un terpeno. Lo que pasa después de curar, la luz, el calor y las veces que se abre el bote, ya es un problema de conservación.

Lista de comprobación antes de elegir método

Para el día anterior al corte, no para el día después:

  • Has medido la humedad y la temperatura del sitio de secado durante varios días, a distintas horas, con un higrómetro que no sea el del móvil.
  • Sabes si el problema de tu sala es exceso de humedad (rejilla, deshumidificador) o falta (colgar entero, frenar con bolsas).
  • El aire de la sala se mueve sin apuntar al material: el ventilador mira a la pared, el deshumidificador no sopla sobre las ramas.
  • Hay oscuridad real, no «poca luz».
  • Tienes recipientes suficientes para no mezclar entradas distintas, y cada uno con nombre y fecha antes de llenarlo.
  • El material se pesa al entrar en secado y se anota, porque la merma posterior sin ese dato no se compara con nada.
  • Has revisado la flor buscando botritis antes de colgarla o extenderla, y lo afectado está fuera.
  • Si vas a curar en frío, sabes que el bote se atempera cerrado antes de abrirlo.

Ningún método seca mejor que otro. Cada uno seca a una velocidad, y la velocidad es la que decide.

La mejor cosecha que probarás no la secó el método más caro ni el más nuevo. La secó alguien que midió su sala antes de cortar y eligió el método que le dejaba entre una y dos semanas. Todo lo demás es detalle.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor método para secar marihuana?

No hay uno mejor en abstracto. Colgar la planta entera en un cuarto fresco, oscuro y con aire indirecto es el método más tolerante y el que mejor conserva el aroma cuando la humedad del sitio está por debajo del 60 %. En salas húmedas o con riesgo de hongos, manicurar en verde y secar en rejilla es más seguro. El buen método es el que te deja entre una y dos semanas de secado con las condiciones que tienes.

¿Es mejor secar el cannabis colgado o en rejilla?

Colgado en rama es más lento y uniforme, porque el tallo amortigua la pérdida de agua, y necesita más espacio. En rejilla, con los cogollos sueltos y manicurados, seca en cinco a ocho días, ocupa poco y castiga cualquier exceso de aire seco. La elección real es cuándo manicurar: en verde si tu sala es húmeda, en seco y colgando si es seca.

¿Qué es el secado en frío del cannabis?

Es secar a 12–16 °C en vez de a 18–20 °C para que se evaporen menos terpenos volátiles mientras sale el agua. Como el aire frío retiene poca humedad, hace falta un deshumidificador o una cámara con control, y el proceso se alarga a dos o tres semanas. El curado en frío es guardar después el material a temperatura de sótano o nevera, atemperando los botes cerrados antes de abrirlos para evitar la condensación.

¿Qué es el curado en agua y para qué sirve?

Consiste en sumergir la flor en agua durante cinco a siete días, cambiándola a diario, y volver a secarla. Arrastra lo soluble en agua: azúcares, sales y restos de nutrientes. El resultado es un humo muy suave, pero la flor queda parda, casi sin olor y con un 10–20 % menos de peso. Es un método de nicho para material con exceso de fertilizante o para preparados, no para una flor que se elige con la nariz.

¿Se puede liofilizar el cannabis?

Sí. Se congela a −30 o −40 °C y se seca al vacío por sublimación en 24–36 horas. Conserva la forma, el color y buena parte de los terpenos, y deja los tricomas muy quebradizos, lo que interesa a quien extrae. Lo que no hace es curar: la flor sale con toda su clorofila y necesita después semanas en bolsa o bote para no saber a verde. El equipo es caro, incluso en versión doméstica.

El método cambia; la merma se anota igual

AppClub separa el material en proceso del que está disponible, por ubicaciones, y registra cada diferencia de peso con su motivo y su fecha. Así puedes comparar qué secado te está costando más, entrada a entrada, sin esperar al recuento.

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