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Plagas y hongos en el cultivo de cannabis: cómo se reconocen

Casi todo lo que sale mal en un cultivo se queda en el cultivo. Dos cosas no: el polvillo blanco y el moho gris viajan dentro del cogollo hasta el mostrador.

26 de julio de 2026 11 min de lectura Cultivo

En este artículo

En este artículo

  1. Cómo se reconocen el oídio y la botritis en flor ya seca
  2. Por qué la botritis empieza por dentro y se descubre tarde
  3. El oídio en la planta: el hongo que no necesita mojarse
  4. Las plagas habituales y qué aspecto tiene el daño
  5. Qué se hace con el material afectado
  6. Prevención: humedad, ventilación y densidad de plantas
  7. El tarro del club reproduce el mismo problema
  8. La revisión de entrada de un lote, en cinco minutos

En corto

  • El oídio se reconoce en flor seca como un polvillo blanco mate, harinoso, que se posa sobre el tejido y no brilla como los tricomas.
  • La botritis empieza dentro del cogollo, por eso no se ve por fuera hasta que el daño es grande: al abrirlo aparece un interior pardo que se deshace en polvo y huele a húmedo.
  • Las plagas más frecuentes (araña roja, trips, mosca del sustrato, pulgón y orugas del cogollo) dejan cada una una marca distinta, y la oruga es peligrosa sobre todo porque abre la puerta al moho.
  • El material con moho no se mezcla, no se reparte y no se aprovecha: se retira y se anota como merma con su motivo, no se ajusta el número hasta que cuadre.
  • Casi toda la prevención es ambiente: humedad relativa, movimiento de aire y densidad de plantas; y el mismo problema se reproduce en un tarro mal cerrado dentro del club.

Abres un tarro un sábado por la tarde, coges un cogollo y se te deshace entre los dedos con demasiada facilidad. Por dentro no es verde: es de un pardo apagado, casi polvo. Y hay un olor que no estaba antes, algo entre sótano y trapo mojado.

Eso no ha pasado en el club. Ha pasado en el cultivo, hace semanas, y ha llegado hasta aquí dentro del propio cogollo. Es la parte de las plagas y los hongos que casi nadie cuenta en los foros de cultivo: una parte de esos problemas no se queda en la planta, viaja al tarro. Y quien está detrás del mostrador es el último que puede pararlo.

Por eso este artículo empieza al revés de lo habitual. Primero, cómo se reconoce en flor seca. Después, de dónde viene.

Cómo se reconocen el oídio y la botritis en flor ya seca

Son los dos que llegan al tarro, y se reconocen de forma distinta.

Oídio: polvillo blanco que no brilla

El oídio deja una capa blanca, mate y harinosa, como si alguien hubiera espolvoreado talco muy fino. Se ve mejor en las hojitas de azúcar del cogollo y en los bordes, y a la luz lateral de una linterna se nota que está encima del tejido, posado, no formando parte de él.

La confusión clásica es con los tricomas, y la diferencia es de brillo. Bajo lupa, un tricoma es una bolita transparente sobre un tallito, y refleja la luz: brilla. El oídio no brilla, es opaco, y se extiende en manchas continuas en lugar de repartirse grano a grano. Si tienes dudas, mira una zona lisa de una hoja: los tricomas ahí son escasos y el manto blanco del oídio se ve como lo que es, una mancha.

Botritis: el cogollo hueco por dentro

La botritis o moho gris casi nunca se anuncia por fuera. Las señales en seco son estas:

  • Peso y tacto. El cogollo pesa menos de lo que aparenta y cede al apretarlo con una blandura rara, como de esponja vieja.
  • El interior. Al abrirlo por la mitad, en lugar de tejido y tallo aparece un núcleo pardo o grisáceo que se desmenuza en polvo. A veces quedan hilillos grises, como pelusa apelmazada.
  • El olor. No es el olor del cannabis viejo, que es simplemente a heno. Es a húmedo, a moho, a champiñón. Aparece de golpe al romper el cogollo, porque estaba encerrado dentro.
  • Las zonas muertas. Una hojita seca y descolorida en medio de un cogollo por lo demás normal, o un grupo de pistilos marrones en un punto concreto, suele marcar dónde está el foco.

La comprobación práctica cabe en un gesto: abrir un cogollo por la mitad. Un lote que entra sin que nadie haya partido uno solo es un lote que se está mirando por fuera.

Por qué la botritis empieza por dentro y se descubre tarde

Botrytis cinerea es un hongo oportunista con una manía muy concreta: entra por tejido que ya está muerto o herido. Y el sitio donde más tejido muerto hay en una planta en flor es el interior de un cogollo denso: hojitas atrapadas que se secaron sin salida, un punto de la rama que quedó a oscuras, la herida que dejó una oruga al comer.

Ahí dentro se dan las condiciones perfectas. Hay materia muerta, no llega aire y la humedad no se evapora. El hongo crece hacia fuera desde ese centro, y para cuando asoma por la superficie ya ha consumido el interior. Ese es todo el problema: el orden es de dentro afuera, y la vista solo llega a la última fase.

Añade el momento en que ocurre. La botritis aprieta en las semanas finales de floración, cuando el cogollo está más denso y ya no queda margen: es el peor instante posible para descubrir nada. En exterior, una semana de lluvia o de nieblas en septiembre basta. Cómo se llega hasta ahí y por qué el cogollo se cierra de esa manera está en el ciclo de vida de la planta.

Y el corolario incómodo: la botritis sigue viva después de la cosecha si encuentra humedad. Un lote que entró justo de secado, guardado hermético, puede desarrollar dentro del tarro un foco que en la planta era mínimo.

El oídio en la planta: el hongo que no necesita mojarse

El oídio (o mildiu polvoriento) se ve primero en el haz de las hojas: manchas circulares blanquecinas que parecen polvo y que al principio se pueden quitar pasando el dedo. Luego se juntan, la hoja amarillea y el manto blanco sube hacia los cogollos.

Tiene una peculiaridad que explica por qué aparece donde nadie lo espera: a diferencia de casi todos los hongos, no necesita agua líquida sobre la hoja para germinar. Le basta con humedad ambiental alta y aire quieto. Por eso brota en cultivos que nunca se mojan, con temperaturas suaves y plantas demasiado juntas, y por eso el error de diagnóstico habitual es buscar una gotera cuando el problema es que no se mueve el aire.

Sus esporas se transportan en la ropa, en las manos y en el aire. Un cultivo con oídio contamina lo que tenga al lado con una facilidad que sorprende.

Las plagas habituales y qué aspecto tiene el daño

Las plagas se reconocen mejor por lo que dejan que por el bicho, que casi siempre es diminuto o nocturno. Cada una escribe con una letra distinta.

PlagaQué se veDónde mirar
Araña rojaPunteado fino blanco o amarillento en el haz, como si la hoja estuviera pixelada; en fase avanzada, telaraña muy fina entre brotesEl envés de la hoja, con lupa: puntos que se mueven
TripsManchas plateadas o brillantes, con motitas negras diminutas encima (sus deyecciones); la hoja parece raspadaHojas medias y bajas, a contraluz
Mosca del sustratoMosquitas negras que salen del sustrato al regar; plantas jóvenes que se paran sin motivo aparenteLa superficie de la tierra y el cepellón: las larvas comen raíz
PulgónColonias en los brotes tiernos, hojas pegajosas por la melaza y, encima de ella, un tizne negro (fumagina)Puntas de crecimiento y nervios del envés
Orugas del cogolloExcrementos negros granulados dentro del cogollo, galerías, una rama que amarillea solaAbriendo el cogollo por donde haya una hoja muerta

Dos matices que importan más que el resto. La araña roja es plaga de calor y sequedad: aprieta con temperaturas altas y humedad baja, justo lo contrario que los hongos, y por eso un cultivo puede tener un problema o el otro según cómo se le haya ido la mano al corregir el ambiente.

Y las orugas no son graves por lo que comen, sino por lo que dejan detrás. Cada galería es tejido herido en el corazón del cogollo, es decir, una puerta de entrada abierta para la botritis. Muchos focos de moho gris empiezan siendo una oruga de la que ya nadie se acuerda.

Qué se hace con el material afectado

Aquí es donde un club se juega la seriedad, porque la tentación es enorme: es material que costó dinero y que por fuera casi no se nota.

La respuesta corta es que el material con moho no se dispensa, no se mezcla y no se aprovecha para nada. No se aparta lo bueno de lo malo dentro del mismo cogollo, porque el micelio está donde no se ve. No se rebaja mezclándolo con lote sano, que es multiplicar el problema en vez de dividirlo. Y no se manda a ningún otro uso: lo que tiene moho lo tiene igual después de cualquier transformación.

El procedimiento razonable son cuatro pasos y ninguno es difícil:

  1. Aislar el bote. Fuera del mostrador y lejos del resto, sin trasvasar nada. Las esporas viajan.
  2. Mirar los vecinos. Si venían del mismo lote o compartían estante, se abre un cogollo de cada uno. Un foco casi nunca está solo.
  3. Anotar la merma con su motivo. Los gramos exactos, la fecha, el lote y la razón escrita: moho. No «ajuste», no «diferencia de recuento».
  4. Contárselo a quien lo cultivó. Es la única forma de que la siguiente cosecha no venga igual, y la conversación es mucho más fácil con una anotación delante que con una sospecha.
Qué hacer cuando aparece material afectado en el club.

El tercer paso es el que más se salta, y es el que sostiene todo lo demás. Cuando la salida es «bajo el número hasta que cuadre», el club pierde a la vez dos cosas: la trazabilidad —ya no se sabe qué lote dio problemas ni cuánto costaron— y la posibilidad de detectar un patrón. Tres mermas por moho del mismo proveedor en cuatro meses son un dato demoledor; tres ajustes anónimos no son nada. Es exactamente el mecanismo que explico en control de stock y trazabilidad: un descuadre sin motivo escrito es información destruida.

Prevención: humedad, ventilación y densidad de plantas

Casi toda la prevención de hongos es ambiente, no producto. Tres variables, y las tres son gratis.

  • Humedad relativa. Cuanto más avanza la floración, más baja tiene que estar. Lo que suele fallar no es la media del día, sino el pico de la noche: cuando la temperatura cae, el aire retiene menos vapor y la humedad relativa se dispara aunque el higrómetro de la tarde marcara un número tranquilizador. La medida que engaña es la de las cinco de la tarde.
  • Movimiento de aire. No es lo mismo renovar el aire que moverlo. Hace falta que corra entre las plantas y por debajo, porque el aire quieto en el centro del cultivo es el microclima donde germina todo.
  • Densidad. Plantas muy juntas y cogollos muy compactos secan peor por dentro. Es la razón de fondo por la que las variedades de cogollo denso dan más botritis que las aireadas: no son más débiles, es que dentro no entra el aire.

A eso se añade lo obvio y poco glamuroso: retirar hojas muertas y restos vegetales, que son el sustrato favorito de la botritis, y revisar de verdad, con lupa y por el envés, en lugar de mirar el cultivo de lejos. Las dos cosas se hacen en diez minutos y son lo que separa un foco de una cosecha perdida.

El tarro del club reproduce el mismo problema

Lo que hace que esto sea asunto del club y no solo del cultivo es que un bote mal llevado es un cultivo mal ventilado en pequeño. Los ingredientes son idénticos: materia orgánica, humedad alta y aire quieto.

Un lote que entró con un punto de más de humedad, cerrado a cal y canto y sin abrir en tres semanas, tiene todo lo que la botritis necesita. Da igual que la planta llegara impecable. Y al revés: un bote que se abre cuarenta veces un sábado y se queda en la barra con calor pierde aroma por un lado y coge condensación por otro.

La banda de referencia y el porqué de cada número están en conservación de la flor: humedad y luz. Aquí basta la versión corta: por encima del 65 % de humedad relativa dentro del tarro, el riesgo de moho deja de ser teórico.

Nadie pierde un lote de golpe. Se pierde en tres semanas, dentro de un bote que nadie abrió.

La revisión de entrada de un lote, en cinco minutos

Lo que sigue es lo único que hay que institucionalizar: que ningún lote entre al mostrador sin pasar por aquí, y que lo haga siempre la misma persona del turno, no «quien esté».

  • Abrir un cogollo por la mitad, no uno cualquiera: el más denso del lote.
  • Oler recién partido, que es cuando sale el olor a húmedo si lo hay.
  • Mirar la superficie a luz lateral, buscando manchas blancas mates que no brillen.
  • Apretar: si cede blando o se deshace en polvo, se para todo y se revisa el resto.
  • Anotar la fecha de entrada y de dónde viene, aunque el lote esté perfecto.
  • Si algo se retira, que salga con los gramos y el motivo escritos el mismo día.

Cinco minutos por lote. La alternativa es enterarte tres semanas después, por un socio, delante de otros cuatro, y sin poder decir de dónde salió aquello.

Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si un cogollo tiene moho?

Ábrelo por la mitad y míralo por dentro. Si el interior está pardo o grisáceo, se desmenuza en polvo o suelta un olor a húmedo y champiñón que no se notaba por fuera, es botritis. El oídio, en cambio, se ve por fuera: una capa blanca mate y harinosa que no brilla como los tricomas.

¿Cómo se diferencia el oídio de los tricomas?

Por el brillo y por la forma. Los tricomas son glándulas transparentes con cabeza redonda que reflejan la luz bajo lupa y se reparten grano a grano. El oídio es opaco, mate y forma manchas continuas posadas sobre el tejido, más visibles en las hojitas del cogollo y a luz lateral.

¿Por qué la botritis se ve tan tarde?

Porque empieza dentro del cogollo, en tejido ya muerto o herido: una hojita atrapada, un punto sin aire, la galería que dejó una oruga. Crece de dentro hacia fuera, así que cuando asoma en la superficie ya ha consumido el interior. Por eso la única comprobación fiable es abrir cogollos.

¿Qué plagas afectan al cannabis con más frecuencia?

Araña roja, trips, mosca del sustrato, pulgón y orugas del gusano del cogollo. Cada una deja una marca distinta: punteado y telaraña fina la araña roja, manchas plateadas los trips, mosquitas al regar la del sustrato, melaza pegajosa el pulgón y excrementos negros dentro del cogollo las orugas.

¿Qué hace un club con la flor que tiene moho?

Retirarla. No se mezcla con material sano, no se separa lo bueno de lo malo dentro de un mismo cogollo y no se destina a ningún otro uso. Se aísla el bote, se revisan los lotes vecinos y se anota como merma con los gramos, la fecha y el motivo escrito, en lugar de ajustar el recuento sin explicación.

Una merma con motivo, no un ajuste

AppClub anota cada retirada con sus gramos, su producto y su razón en el momento en que ocurre. Meses después puedes ver de dónde venían los problemas en vez de mirar una diferencia sin explicación.

Ver un club por dentro