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Cultivo

El ciclo de vida de la planta de cannabis, fase a fase

Casi nadie que trabaja en un club ha visto la planta viva. Y sin embargo, todo lo que hay en el tarro (la forma, el olor, la hoja, la resina) se decidió en algún momento de esos seis o siete meses.

23 de julio de 2026 10 min de lectura Cultivo

En este artículo

En este artículo

  1. Qué clase de planta es: anual, dioica y polinizada por el viento
  2. De la semilla a la plántula: las tres primeras semanas
  3. El crecimiento vegetativo: construir la fábrica
  4. Prefloración y el interruptor: el fotoperiodo
  5. Anatomía de la flor: cáliz, pistilos, brácteas y hoja de azúcar
  6. Maduración: cómo se lee y por qué el momento del corte lo cambia todo
  7. Después del corte: la planta sigue trabajando
  8. Leer el tarro al revés: qué fase te está contando cada cosa

En corto

  • El cannabis es una planta anual y dioica: los pies macho y los pies hembra son individuos distintos, y solo la hembra da flor con resina.
  • El ciclo completo pasa por germinación, plántula, crecimiento vegetativo, prefloración, floración y maduración, y en exterior ocupa de seis a siete meses.
  • Lo que dispara la floración no es la edad de la planta sino el fotoperiodo: cuando las noches se alargan más allá de un umbral, la planta deja de crecer y empieza a florecer.
  • El cogollo no es una flor, es un racimo de flores diminutas, y la resina está sobre todo en las brácteas que las envuelven, no en la hoja.
  • La flor sin semilla es el estándar porque una hembra polinizada dedica sus últimas semanas a fabricar semilla en lugar de resina.

En un club se manejan tarros. Flor seca, curada, manicurada y pesada. La planta viva la ha visto muy poca gente de las que están detrás del mostrador, y eso deja un hueco raro: sabes describir el producto, pero no de dónde salió cada una de sus características.

Y son casi todas explicables. Por qué esa flor está más apretada que la otra. Por qué en una hay hoja pequeña asomando y en otra no. Por qué la misma variedad, del mismo sitio, huele distinto en enero que en septiembre. Nada de eso es azar ni marketing: pasó en algún punto del ciclo. Esto va de cómo funciona la planta, no de cómo producirla.

Qué clase de planta es: anual, dioica y polinizada por el viento

El cannabis es una planta anual y herbácea. Nace de semilla, crece, florece, hace semilla y muere, todo dentro de la misma temporada. No hay segundo año, y eso ordena lo demás: la planta tiene una única oportunidad de reproducirse y toda su agenda gira alrededor de ella.

La segunda característica importa más para lo que acaba en el tarro: es dioica. Del griego, «dos casas». Los órganos masculinos y los femeninos están en individuos separados, como en el kiwi o en el sauce. Hay pies macho y hay pies hembra, y son plantas distintas con aspecto distinto.

El macho produce polen en unas estructuras colgantes que parecen racimos de bolitas verdes: se abren, lo sueltan y la planta se agota rápido. Da muy poca resina. La hembra produce flores con dos filamentos blancos asomando, hechos para atrapar ese polen del aire.

Porque no hay insecto de por medio: el cannabis es anemófilo, se poliniza por el viento. El polen es ligerísimo y viaja kilómetros, así que el asunto del macho no es una cuestión de jardín, sino de comarca.

Por qué la flor sin semilla es el estándar

Cuando una flor hembra recibe polen, la planta cambia de plan: deja de invertir en atraer más (que es, en el fondo, para lo que sirve la resina) y dedica sus últimas semanas a formar semilla. La bráctea se abre y dentro engorda un grano duro y estriado.

Visto desde el mostrador, eso es una flor con menos resina, más peso que no es flor y un humo más áspero cuando la semilla se quema. Por eso el estándar es la flor sin fecundar: una hembra sin polinizar sigue haciendo cálices y resina semana tras semana esperando algo que no llega.

De la semilla a la plántula: las tres primeras semanas

La germinación dura entre dos y siete días. La semilla absorbe agua, se hincha y rompe por la sutura; sale primero la radícula, que busca abajo. Después emergen los cotiledones: dos hojas redondeadas y lisas que no son hojas verdaderas, sino la despensa que traía la semilla dentro.

Con los cotiledones abiertos empieza la plántula, dos o tres semanas. Aparece el primer par de hojas verdaderas, normalmente de un solo folíolo. Luego uno de tres, luego de cinco, luego de siete. Ese conteo creciente es la manera más limpia de ver que la planta está montando maquinaria: cada par nuevo capta más luz que el anterior.

Por debajo pasa la mitad del asunto: en estas semanas se hace mucha más raíz que parte aérea. Una plántula que parece parada arriba suele estar muy ocupada abajo.

El crecimiento vegetativo: construir la fábrica

Aquí la planta hace una sola cosa y la hace con avidez: tallo, nudos, hojas y raíz. Es la fase más larga y la más variable, porque no la termina un reloj interno sino el calendario del cielo. En exterior ocupa buena parte de la primavera y del verano.

El crecimiento es modular: la planta repite una unidad —entrenudo, par de hojas, dos yemas en las axilas— y otra vez, y otra. En esta fase las hojas salen enfrentadas, opuestas dos a dos, y esa simetría es un dato que luego se rompe.

Lo que se construye es superficie de captación. Las hojas grandes de siete o nueve folíolos, las que todo el mundo dibuja, fabrican los azúcares con los que se pagará la floración entera. Casi no llevan resina.

La hoja grande no es el producto. Es la que paga el producto.

Prefloración y el interruptor: el fotoperiodo

Hacia la cuarta o sexta semana, la planta alcanza madurez sexual y lo anuncia. Es la prefloración, y dura unos días.

Dos señales. La primera, que las hojas dejan de salir enfrentadas y pasan a salir alternas, en zigzag. La segunda, en las axilas de las ramas: en la hembra aparece una bráctea diminuta con dos filamentos blancos; en el macho, un saquito redondo sobre un pedúnculo corto. Del tamaño de un grano de arroz, y lo primero que permite distinguir sexos a simple vista.

Esto se confunde a menudo: la prefloración es madurez, no floración. La planta ya puede florecer, pero todavía no lo hace. Falta la señal.

Noches largas, no días cortos

La señal es la duración de la oscuridad. El cannabis es una planta de día corto, o dicho con más precisión, de noche larga: cuando el periodo continuo de oscuridad supera un umbral de unas doce horas, la planta lo detecta con unos pigmentos llamados fitocromos y cambia de programa. Deja de fabricar tallo y hoja y empieza a fabricar flor.

Lo que mide no es cuánta luz recibe, sino cuánta noche seguida. Por eso en exterior la floración real llega bastante después del solsticio de junio, con el verano ya cayendo: las noches tienen que haber crecido lo suficiente. Y por eso dos temporadas con otoños distintos no dan lo mismo aunque la semilla sea idéntica.

Hay una excepción: las variedades automáticas, que florecen por edad y no por luz, con un ciclo mucho más corto y comprimido. Esa diferencia, y lo que implica, está explicada en el artículo sobre fotoperiodo y variedades automáticas.

Anatomía de la flor: cáliz, pistilos, brácteas y hoja de azúcar

La floración dura entre siete y doce semanas según la variedad, y no empieza floreciendo: las dos o tres primeras la planta se estira, alarga entrenudos y puede doblar su altura. Es lo último que construye antes de dedicarse solo a la flor.

Después empiezan a formarse flores en cada nudo. Y aquí conviene deshacer un malentendido básico: el cogollo no es una flor. Es una inflorescencia, un racimo apretado de decenas de flores diminutas sobre un eje interno. La cola es lo que ocurre cuando esos racimos crecen tanto que se sueldan en una sola masa alargada, normalmente en las puntas de las ramas.

Cada flor individual tiene poco: un ovario envuelto en una bráctea y dos estigmas asomando, los filamentos que en el argot llamamos pistilos. Son la antena que caza el polen; nacen blancos o crema y se oscurecen con el tiempo.

La palabra cáliz, que se usa constantemente, es un préstamo poco exacto: lo que se llama así en el cannabis es en realidad esa bráctea envolvente con el ovario dentro. El nombre se ha quedado y no pasa nada por usarlo, pero conviene saber qué se señala.

Dónde está la resina, y dónde no

La resina no se reparte igual. La mayor densidad de glándulas está sobre las brácteas. Bastante menos en las hojas de azúcar, esas hojitas de uno o tres folíolos que asoman desde dentro del cogollo. Y muy poca en las hojas grandes de abanico.

Eso explica una pregunta de mostrador que sale cada semana: por qué en unos tarros hay hoja visible y en otros casi ninguna. Parte es manicura. Pero parte es la planta: hay variedades muy foliáceas que meten hoja de azúcar dentro del racimo y otras que apenas la producen. Una flor con hoja no es peor por definición.

Esas glándulas, cómo son y qué fabrican dentro, están explicadas aparte en qué son los tricomas.

Maduración: cómo se lee y por qué el momento del corte lo cambia todo

Las últimas dos o tres semanas la planta ya no crece: termina. Y aquí es donde una misma genética puede dar dos productos muy distintos.

Por fuera se ve esto. Los estigmas se oscurecen y se enroscan hacia dentro, de blanco a ámbar y marrón. Las brácteas se hinchan, se ponen redondas y la flor se aprieta. Las hojas grandes amarillean porque la planta retira de ellas lo aprovechable. Y las glándulas de resina pasan de transparentes a lechosas y luego a ámbar.

Por dentro pasa lo interesante. La planta sintetiza cannabinoides en su forma ácida y, a la vez, produce y pierde terpenos, que son volátiles y se evaporan. Las dos curvas no coinciden en el tiempo. Cortar pronto o tarde no es cortar más o menos cantidad: es cortar en un punto químico distinto.

Por eso una misma variedad, del mismo sitio, huele más cítrica una cosecha y más dulce o terrosa la siguiente. No hace falta que cambie la genética: basta con que cambie el momento del corte, o el otoño. Cómo se lee ese momento está en cuándo cosechar y los tricomas.

Después del corte: la planta sigue trabajando

Se corta y se acabó el ciclo, pero no la química. Una flor recién cortada sigue siendo tejido vegetal vivo durante días: las células respiran, las enzimas siguen funcionando, la clorofila y los almidones se degradan poco a poco.

Ese margen es lo que aprovechan el secado y el curado. Un secado rápido corta el proceso de golpe y deja dentro compuestos que dan sabor a hierba verde y raspan en garganta. Uno lento y estable deja que la degradación termine, que la humedad se reparta y que el aroma se asiente. Es la última fase del ciclo aunque la planta ya no esté en la tierra, y donde más calidad se pierde por prisa: el secado y curado del cannabis.

Leer el tarro al revés: qué fase te está contando cada cosa

La forma práctica de usar todo lo anterior es al revés: coges lo que tienes delante y vas hacia atrás.

  • Filamentos blancos y brácteas poco hinchadas. Se cortó pronto, en plena maduración temprana.
  • Todo ámbar oscuro y bráctea muy redonda. Se apuró el final del ciclo.
  • Hoja de azúcar asomando por todas partes. Variedad foliácea, manicura corta, o las dos cosas. No es un defecto en sí.
  • Semillas dentro. Hubo polen. Esa flor pasó sus últimas semanas haciendo semilla en vez de resina.
  • Cogollos alargados y sueltos frente a bolas duras. Es arquitectura de la inflorescencia, propia de cada variedad, no una señal de calidad.
  • Aroma plano y raspar en garganta. Casi siempre secado o conservación.
  • La misma variedad huele distinto que la vez pasada. Cosecha distinta: otro momento de corte, otro final de temporada.

Con eso se contesta en el mostrador sin inventarse nada, y se deja de atribuir a la genética cosas que decidió el calendario.

La planta hace lo mismo desde hace milenios: nacer, crecer, medir la noche, florecer, esperar un polen que no llega y madurar. Lo único que cambia entre un tarro y otro es en qué punto exacto de esa historia alguien decidió intervenir.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tarda una planta de cannabis en completar su ciclo?

En exterior, de siembra a corte suelen pasar entre seis y siete meses, porque la floración no llega hasta que las noches se alargan lo suficiente a final de verano. El reparto aproximado es de una semana de germinación, dos o tres de plántula, el resto de crecimiento vegetativo y entre siete y doce semanas de floración y maduración.

¿Qué diferencia hay entre una planta macho y una hembra?

El cannabis es dioico: macho y hembra son individuos separados. El macho produce polen en unas estructuras colgantes parecidas a racimos de bolitas y da muy poca resina. La hembra produce las flores con dos filamentos blancos asomando, que son las que acumulan resina y las que llegan al tarro.

¿Por qué la flor de cannabis no tiene semillas?

Porque no ha sido polinizada. Una hembra fecundada dedica sus últimas semanas a formar semilla y deja de invertir en resina, así que la flor sale con menos glándulas, con peso que no es flor y con un humo más áspero. Sin polen cerca, la planta sigue produciendo cálices y resina esperando una polinización que nunca llega.

¿Qué hace que la planta empiece a florecer?

El fotoperiodo, y en concreto la duración de la noche. Cuando el periodo continuo de oscuridad supera un umbral de unas doce horas, unos pigmentos llamados fitocromos disparan el cambio y la planta pasa de fabricar tallo y hoja a fabricar flor. Las variedades automáticas son la excepción: florecen por edad, no por luz.

¿Por qué unos cogollos llevan hoja y otros no?

Por dos motivos que se suman. Uno es la manicura, cuánto se ha recortado la hoja de azúcar tras el corte. El otro es la propia variedad: hay genéticas muy foliáceas que meten hojitas dentro del racimo floral y otras que apenas las producen. La hoja de azúcar sí lleva resina, aunque bastante menos que las brácteas.

Que cada entrada traiga su historia detrás

AppClub lleva el stock con sus entradas, sus traspasos entre ubicaciones y sus mermas con motivo, cada uno con su fecha y su autor. Cuando alguien pregunte por qué esta variedad huele distinto que la de marzo, hay dónde mirarlo.

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